Muchas personas creen que el vacío interno se resuelve con más actividad, nuevos objetivos o técnicas rápidas.
Lo intentan: cambian de trabajo, hacen cursos, buscan motivación.
Pero el vacío sigue ahí.
Porque el verdadero problema no es la acción, sino la base desde la que actúas.
Tu estructura interna ya no coincide con tu vida externa.
Y eso genera síntomas silenciosos, pero constantes: